Hijas y esposas
Hijas y esposas —Pues claro que no soy poco hospitalario. Si pones «cerveza» en la esquina de tus tarjetas de invitación, al igual que la gente elegante pone «cuadrillas», anunciando el baile que van a ofrecer, podemos invitar a Osborne y a Roger todos los dÃas, si quieres. ¿Y qué te ha parecido mi favorito, Cynthia? ¿No le conocÃas, verdad?
—No es tan guapo como su hermano, ni tan refinado, ni tan buen conversador. Me estuvo hablando más de una hora de sus exámenes; pero hay algo en él que me gusta.
—Bueno, y Molly… —dijo la señora Gibson, que se esforzaba en ser una madrastra imparcial, y en que Molly hablara tanto como Cynthia—. ¿Qué tal lo has pasado?
—Ha estado muy bien, gracias. —Su corazón desmentÃa un tanto estas palabras al pronunciarlas. La partida no le habÃa interesado nada; y habrÃa preferido hablar con Roger, con lo que sus expectativas se habÃan visto frustradas.