Hijas y esposas
Hijas y esposas —Yo no las llamarÃa exactamente «virtudes», ¿o sÃ? —dijo él, sonrojándose y formulando la pregunta retórica con toda su buena fe—. Sin embargo, no creo que esa cara pueda defraudar a nadie. Y la señora Gibson parece ser una persona muy cordial. Nos ha invitado a mà y a Osborne a cenar el viernes.
«Cerveza», fue lo primero que pensó Molly; pero dijo:
—¿Y vais a venir?
—Yo desde luego sÃ, a no ser que mi padre me necesite; y le he dado a la señora Gibson una promesa condicional en nombre de Osborne. O sea, que volveremos a vernos muy pronto. Pero ahora debo irme. Dentro de media hora tengo una cita a once kilómetros de aquÃ. Buena suerte con tu jardÃn, Molly.