Hijas y esposas
Hijas y esposas —Creo que si te tuviésemos con nosotros las cosas mejorarÃan mucho. Creo haberte dicho que Osborne no se ha comportado como yo lo habrÃa hecho, aunque tampoco es que haya obrado mal… es sólo lo que yo llamo un error de apreciación. Pero mi padre, estoy seguro, ha dado en imaginar que… bueno, qué más da. En conclusión es que Osborne sigue caÃdo en desgracia, y mi padre es muy desdichado. También Osborne está dolido y se siente infeliz, y rechazado por mi padre. Mi madre no habrÃa tardado en solventar esta situación, y quizá tú misma podrÃas haberlo hecho, inconscientemente, quiero decir, pues este condenado misterio en que Osborne mantiene sus asuntos es la causa de todo. Pero de nada sirve hablar de ello; no sé por qué he empezado. —Entonces, cambiando bruscamente de tema, mientras Molly aún reflexionaba sobre lo que habÃa contado, exclamó—: No tengo palabras para expresar lo bien que me cae la señorita Kirkpatrick, Molly. Debes de estar muy contenta de tenerla de compañera.
—Sà —dijo Molly con media sonrisa—. La aprecio mucho, y cuanto más la conozco más me gusta. ¡Hay que ver lo deprisa que has descubierto sus virtudes!