Hijas y esposas
Hijas y esposas —¿Es lo que tienes dibujado en ese papel? Déjame echarle un vistazo. Ah, ya veo. Has tomado algunas ideas de nuestro jardÃn, ¿no es cierto? Este lecho de geranios escarlatas, con el borde de robles jóvenes estacados. Eso se le ocurrió a mi madre.
Se hizo un silencio. Al cabo de unos instantes, Molly dijo:
—¿Cómo está tu padre? No le he visto desde entonces.
—Me dijo que tenÃa muchas ganas de verte, pero que nunca se decidÃa a venir. Supongo que ahora no estarÃa bien visto que vinieras a pasar una temporada con nosotros, ¿verdad? A mi padre le encantarÃa: te considera una hija, y estoy seguro de que Osborne y yo siempre te consideraremos una hermana, por lo mucho que te querÃa mi madre, y por lo bien que la cuidaste al final. Pero supongo que no puede ser.
—No, no puede ser —se apresuró a decir Molly.