Hijas y esposas

Hijas y esposas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Molly resistió el impulso de ir a saludar a Roger. Vio que el viejo jardinero estaba realmente confuso, aunque procuraba hacer las cosas lo mejor que podía. De este modo, reemprendió su tarea, y siguió poniendo estacas y dándole instrucciones hasta que la frente arrugada del jardinero volvió a quedar lisa, y se le oyó decir:

—Ya entiendo, señorita. Muy bien, señorita Molly. Ahora lo tengo en la cabeza, claro como el agua.

Molly le dejó allí y entró en la casa. Pero, nada más acercarse a la puerta del jardín, vio salir a Roger. Fue realmente un caso de virtud recompensada, pues le resultó mucho más agradable aquel tête-à-tête, por breve que fuera, que hablar con él en presencia de la señora Gibson y de Cynthia.

—Acabo de enterarme de que estabas aquí fuera, Molly. La señora Gibson me dijo que habías salido, pero que no sabía dónde estabas. Qué suerte, darme media vuelta y verte.

—Yo te vi hace un rato, pero tenía que darle instrucciones a Williams. Creo que hoy estaba especialmente tardo, y parecía incapaz de entender dónde quería que me pusiera los nuevos arriates.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker