Hijas y esposas
Hijas y esposas «Me estoy haciendo viejo —se decÃa—, y ya no tengo la cabeza tan clara como antes. La pena que siento por mi mujer me nubla el entendimiento. Yo nunca fui gran cosa, pero ella me tenÃa en mucho…¡bendita sea! Nunca permitió que me considerase un estúpido, y eso que lo soy. Osborne tendrÃa que ayudarme. Ya he gastado suficiente dinero en él; y, en lugar de ayudarme, baja vestido como un pisaverde y ni se preocupa por cómo voy a pagar sus deudas. TendrÃa que haberle dicho que se ganara la vida dando clases de baile». Sonrió con tristeza ante ese sarcasmo. «Para eso sà va vestido. ¡Y nadie sabe en qué se gastó el dinero! Quizá también Roger aparezca un dÃa con una cola de acreedores. No, eso no ocurrirá. Roger puede ser lento, pero también seguro. Ojalá estuviera aquÃ. No es el primogénito, pero se interesarÃa por las dificultades de la finca; él me harÃa estas horrorosas sumas. ¡Ojalá lo tuviera aquÃ!».