Hijas y esposas
Hijas y esposas AQUEL año, todo Hollingford tuvo la sensación de que había mucho que hacer antes de Pascua. Estaba la Pascua propiamente dicha, que siempre exigía la compra de ropa nueva, por temor a ciertas actividades de los pajarillos, que al parecer se toman a mal la impiedad de quienes, contrariamente a la costumbre, no llevan alguna nueva prenda ese día. Y la gran mayoría de las damas juzgaban más prudente que los pajarillos vieran la nueva prenda por sí mismos, y que no lo dieran por supuesto, como habría ocurrido de ser la prenda un simple pañuelo, o unas enaguas o cualquier pieza de ropa interior. La piedad, por tanto, exigía un sombrero o un vestido nuevos; y apenas quedaba satisfecha con un par de guantes. Normalmente, cuando se acercaba la Pascua, la señorita Rose tenía muchísimo trabajo. Y aquel año, encima, estaba el baile benéfico. Ashcombe, Hollingford y Coreham eran tres pueblos cercanos, más o menos con la misma población, que formaban los tres vértices equidistantes de un triángulo. A imitación de los festivales de las grandes ciudades, las tres ciudades habían acordado celebrar un baile anual a beneficio del hospital del condado, y cada año lo organizaba una localidad distinta. Aquel año le tocaba a Hollingford.