Hijas y esposas
Hijas y esposas A pesar de todo, el señor Hall se puso manos a la obra: insertó anuncios en publicaciones médicas, leyó cartas de recomendación, escrutó el carácter y las calificaciones de los candidatos, y cuando ya las ancianas solteronas de Hollingford creían haber convencido a su contemporáneo de que esta hecho un pimpollo, éste las de dejó de una pieza yendo a visitarlas acompañado de su socio, el señor Gibson, y así fue como comenzó (furtivamente, en palabras de las señoras) a introducirle en la práctica. Y «¿quién es este tal señor Gibson?», preguntaban, y sólo un eco, que no otra cosa, era la respuesta. Sobre los antecedentes del señor Gibson, no se supo nada más que lo que averiguaron los habitantes de Hollingford el primer día que le vieron: que era una persona alta, grave, más apuesta que lo contrario; lo bastante delgada para que le consideraran de «muy fina silueta», en los tiempos anteriores a que se pusiera de moda el cristianismo musculoso[8]; que hablaba con un ligero acento escocés; y, como observó una amable señora, «que era de conversación muy trivial», comentario que pretendía ser sarcástico. En cuanto a su nacimiento, linaje y educación, la conjetura favorita de la sociedad de Hollingford le hacía hijo ilegítimo de un duque escocés y una francesa; y dicha conjetura se basaba en que, como hablaba con acento escocés, por tanto era escocés. Era de fina y elegante silueta, y propenso —eso decían sus detractores— a darse aires. Por tanto, su padre debió de ser una persona de alcurnia; y, una vez dado eso por supuesto, nada más fácil que ir subiendo todas las notas en la escala de la nobleza: baronet, barón, vizconde, conde, marqués, duque. No se atrevían a ir más allá, aunque una anciana dama, versada en la historia de Inglaterra, aventuró que «hubo uno o dos Estuardos que, ejem, no siempre fueron, ejem, de conducta intachable; y estas cosas, ejem, pasan en las mejores familias». Pero la opinión común era que el padre del señor Gibson siempre fue un duque, y nada más.