Hijas y esposas

Hijas y esposas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En aquella época, otra preocupación pesaba en el ánimo de Roger. Osborne, heredero de las tierras, iba a tener un hijo. La propiedad de los Hamley estaba vinculada a los «herederos varones nacidos dentro de matrimonio legal». ¿Era su «matrimonio» legal? Osborne no parecía dudar que lo era; de hecho, la verdad es que no parecía ni haberlo pensado. Y si el marido no lo había pensado, mucho menos Aimée, su confiada esposa. Y, sin embargo, ¿quién sabía cuántas desgracias podían acarrear en el futuro las sombras de ilegalidad de esa boda? Una noche, sentado junto al lánguido y despreocupado Osborne, le preguntó si su matrimonio era totalmente legal. Osborne supo de manera instintiva el objeto de esa pregunta. No es que él no deseara que su matrimonio fuera legalmente irreprochable; pero en aquella época se sentía tan indispuesto que detestaba que le molestaran. Algo así como el estribillo de la profetisa escandinava de Gray: «Déjame, déjame reposar».

—Intenta explicarme cómo quedó el asunto.

—Qué pesado eres, Roger —se quejó Osborne.

—Pues, ya que lo dices, es cierto. ¡Cuenta!

—Ya te he dicho que nos casó Morrison. ¿Te acuerdas del viejo Morrison, del Trinity?

—Un hombre bueno y despistado como hay pocos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker