Hijas y esposas
Hijas y esposas —¡Pues no te alegres tanto! No le trae más que problemas. ¿No has oÃdo hablar de ese rico excéntrico?, el señor Crichton, que murió hará algún tiempo, y que, impulsado por el ejemplo de lord Bridgewater[53], imagino, dejó una suma de dinero en manos de unos fideicomisarios, entre ellos mi hermano, para que enviaran a un hombre con miles de tÃtulos a una expedición cientÃfica, con vistas a traer especÃmenes de la fauna de algún paÃs remoto, y asà constituir el núcleo de lo que va a ser el Museo Crichton, que perpetuará el nombre del fundador. ¡Qué variadas formas puede tomar la vanidad del hombre! A veces estimula la filantropÃa; otras el amor a la ciencia.
—A mà me parece algo laudable y útil —dijo la señora Gibson con gran seguridad.