Hijas y esposas
Hijas y esposas —Lo único que consigo es que se me rice más cuando se seca —dijo Molly, echándose a llorar al recordar un cuadro que habÃa visto años atrás y que ya habÃa olvidado: en él, una joven madre está lavando y vistiendo a su hijita; la pequeña está medio desnuda sobre sus rodillas; la madre enreda con cariño los bucles de pelo negro de la niña entre sus dedos, y, en un éxtasis de amor, besa la cabecita rizada.
Las cartas de Cynthia siempre eran motivo de alegrÃa. No escribÃa a menudo, pero sus cartas eran aceptablemente largas, y su tono siempre festivo. Constantemente mencionaba multitud de nombres nuevos, que Molly no asociaba a ninguna cara, aunque la señora Gibson procuraba ilustrarla con comentarios como el siguiente: