Hijas y esposas

Hijas y esposas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Cuando recuerdo aquellos días felices, tengo la impresión de no haberlos apreciado en su justo valor. Éramos jóvenes, nos queríamos, ¡qué nos importaba la pobreza! Recuerdo que mi querido señor Kirkpatrick tuvo que andar ocho kilómetros hasta Stradford para comprarme un bizcocho porque tuve ese capricho después de que naciera Cynthia. No es que me queje de tu querido papá… pero no creo… bueno, quizá no debería decírtelo. Si el señor Kirkpatrick se hubiese cuidado esa tos… pero ¡era tan terco! Los hombres siempre son así, creo. Y la verdad es que fue muy egoísta por su parte. Creo que no se paró a considerar el estado de desamparo en que me dejaba. Y para mí fue especialmente duro, pues soy muy cariñosa y sensible. Recuerdo un poema del señor Kirkpatrick en el que comparaba mi corazón a una cuerda de arpa, que vibra con la más leve brisa.

—Creía que para que suene una cuerda de arpa se necesita tener dedos fuertes —dijo Molly.

—Mi querida niña, eres tan poco poética como tu padre. ¡Y mírate el pelo! Nunca lo has llevado peor. ¿Es que no puedes mojártelo, a ver si se te van esos rizos y tirabuzones tan feos?



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker