Hijas y esposas
Hijas y esposas —Sabes que no diré nada que tú no quieras —dijo Molly, muy ofendida.
—¿De verdad, querida? —dijo Cynthia, cogiéndole la mano—. ¿Me lo prometes? ¿Una promesa sagrada? Pues a mà me serÃa de gran consuelo contártelo todo, ahora que ya sabes tanto.
—¡SÃ! Te prometo no decÃrselo a nadie. No tendrÃas que haber dudado de mà —dijo Molly, aún un tanto apenada.
—Muy bien. ConfÃo en ti. Sé que puedo.
—Pero piensa en contárselo a papá, y pedirle ayuda —insistió Molly.