Hijas y esposas
Hijas y esposas —¿Quién se lo ha dicho? —exclamó la señora Goodenough, volviéndose hacia ella sorprendida—. No me diga que he sido yo. Hay muchas Mollys en Hollingford, además de ella, aunque ninguna goza de tan buena posición. Estoy segura de no haber dicho quién era.
—No. Pero yo lo sé. Yo también podrÃa contarles algunas cosas —añadió la señora Dawes.
—¡No! ¿De veras? —dijo la señora Goodenough, curiosa y también un poco celosa.
—SÃ. Sheepshanks, mi tÃo, se tropezó con ellos en la Avenida del Parque; dijo que les dio un buen susto, y, cuando le preguntó al señor Preston si era su enamorada, éste no lo negó.
—Ahora que la cosa ya no es un secreto, les contaré lo que yo sé. Sólo que, señoras, no me gustarÃa perjudicar a la muchacha, asà que deben mantener en secreto lo que voy a decirles. —Por supuesto, todas lo prometieron: nada más fácil.
—Mi Hannah, la que está casada con Tom Oakes, y vive en Parson’s Lañe, estaba recogiendo ciruelas hará cosa de una semana, y Molly Gibson iba andando a buen paso por la vereda, como si tuviese prisa por encontrarse con alguien, y la pequeña Anna-MarÃa, la hija de Hannah, se cayó, y Molly (que es una muchacha de muy buen corazón) la ayudó a levantarse; asà que, si Hannah antes tenÃa sus dudas, ahora se han disipado.