La casa del paramo
La casa del paramo —Maggie, querida, después de todo, dudo que Frank pueda encontrar a alguien mejor con quien casarse. ¡Ojo! TendrÃa que meditar más sobre el asunto. Pero si regresas el próximo otoño, tal como hemos planeado, y mi hijo sigue sin romper el compromiso…, y a Edward le van bien las cosas (lo que ocurrirá si nada le aparta del buen camino, pues es un joven muy sagaz, como demostró al redactar aquel artero documento), te prometo pensar en ello. Pero deja que Frank vea antes un poco de mundo. PreferirÃa que no le dijeras que estoy dispuesto a cambiar de opinión, asà le pondrÃamos realmente a prueba. Yo intentaré ocultárselo a Erminia, porque no tardarÃa en contárselo a él. Os veré mañana antes de coger la diligencia. Dios te bendiga, pequeña, y te proteja en el ancho mar.
Las lágrimas resbalaban por sus mejillas al alejarse de la casa: eran lágrimas de admiración y pesar por Maggie.