La casa del paramo
La casa del paramo —No tengo ánimos para hacer visitas —repuso la señora Browne.
Pero los niños, perspicaces, advirtieron cierta vacilación en sus palabras, y mantuvieron la esperanza de que accediera si el señor Buxton seguÃa insistiendo.
—El hecho de no hacer visitas es el que tiene la culpa de su desánimo. Un pequeño cambio y unos cuantos rostros amables le sentarÃan bien, estoy seguro. Además, por el bien de los niños no deberÃa llevar una vida tan retirada. También los pequeños tienen que ver un poco de mundo.
La señora Browne agradeció mucho al señor Buxton que le diera tan buena excusa para seguir sus inclinaciones, que, para qué negarlo, la empujaban a aceptar la invitación. Asà que «por el bien de los niños» se avino a ir. Pero suspiró como si se tratara de un sacrificio.
—Asà me gusta —exclamó el señor Buxton—. Ahora decidamos cuándo.