La casa del paramo
La casa del paramo «No erraba al esperar algo de Edward; no yerro al brindarle con mi presencia la oportunidad de una vida estable. Estoy haciendo lo que mi madre desea ardientemente que haga; y lo que más la tranquilizará hasta el fin de sus días. Sé que Frank sufrirá, pues a mí también se me parte el alma. Pero, si le hubiera preguntado si obraba mal marchándome, no habría podido decirme que sí. He tratado de obrar bien, y, aunque me equivoque, y el saldo de mis esfuerzos sea más negativo que positivo, aceptaré mi fracaso e intentaré decir: “¡Hágase tu voluntad, Señor!”. “¡Si pudiera ver a Frank una vez más y explicárselo todo personalmente!”».