La casa del paramo

La casa del paramo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando la señora Browne se enteró de dónde había tomado Maggie el té, se sintió muy ofendida. Ella sólo había pasado una hora con la señora Buxton, justo antes del almuerzo. Si su anfitriona podía soportar el barullo que armaban los niños, no acababa de entender por qué se encerraba en aquel cuarto y se daba tantos aires. Es posible que por ser la nieta de sir Henry Biddulph se permitiera aquellos caprichos, y no se molestara en presidir la mesa ni en preparar el té para sus invitados como mandaban los cánones de la cortesía. ¡Pobre señor Buxton! ¡Era una desgracia que un hombre tan animado tuviera una mujer así! Le tenía que hacer mucho bien pasar algunos ratos en agradable compañía. Le sentaba de perlas ver a sus amigos. Tenía que sentirse muy desdichado con una mujer tan enfermiza.

(De haber podido contemplarlos en aquel instante, habría visto cómo el señor Buxton acariciaba con ternura las manos de su mujer, y se asombraba en su fuero interno de que un ser tan puro pudiera amar a un hombre tan zafio como él; era la bendición maravillosa e inexplicable de su vida. ¡Conocemos tan poco la verdadera realidad de aquellos hogares que visitamos como amigos íntimos!).

Maggie no pudo soportar que su madre definiera a la señora Buxton como una dama muy fina que simulaba estar enferma. Su corazón latió con fuerza mientras exclamaba:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker