La casa del paramo
La casa del paramo —¡Mamá! Seguro que está enferma de verdad. Tiene los labios blancos, muy blancos, y la mano tan caliente mientras la apretaba entre las mÃas…
—¿Cómo? ¿Que le cogiste la mano a la señora Buxton? ¿Y tus modales? Eres una niña descarada, y siempre lo has sido. Pero no pretendas saber más que los mayores. Es inútil que me digas que la señora Buxton está enferma cuando puede soportar el alboroto de los niños.
—Creo que son unos engreÃdos, y ese Frank Buxton es el peor de todos —dijo Edward.