La prima Phillis
La prima Phillis Tuvimos que caminar muy deprisa para llegar al trabajo antes que los obreros, asà que apenas nos dirigimos la palabra, y por la tarde estuvimos demasiado ocupados para hablar. Al anochecer volvimos al alojamiento que compartÃamos en Hornby. Y allÃ, sobre la mesa, encontramos una carta para Holdsworth, que le habÃan enviado desde Eltham. Como nuestro té estaba listo y yo no habÃa tomado nada desde la mañana, empecé a comer sin prestar demasiada atención, mientras mi compañero abrÃa y leÃa la carta. Él se quedó un rato callado y luego dijo:
—¡Amigo mÃo! ¡Voy a dejarte!
—¿Dejarme? —exclamé yo—. ¿Por qué? ¿Cuándo?
—TendrÃa que haber recibido esta carta antes. Es de Greathed, el ingeniero —Greathed era muy conocido en aquella época; ahora está muerto y casi nadie recuerda su nombre—; quiere verme por un asunto de trabajo; de hecho, te diré que esta carta contiene una oferta muy ventajosa para irme a Canadá y supervisar la construcción de una lÃnea férrea.
Me sentà consternado.
—Pero ¿qué le parecerá a nuestra compañÃa? —dije.