La prima Phillis
La prima Phillis Se habÃa dado la vuelta, y movió la mano hacia atrás en busca de la mÃa. Me dio un apretón largo y suave; después puso los brazos sobre un madero de las cuadras y, apoyando la cabeza en él, rompió a llorar en silencio. No comprendà en seguida su reacción, y pensé que habÃa cometido un error y sólo habÃa logrado disgustarla. Me acerqué a ella.
—¡Oh, Phillis! Cuánto lo siento… Pensé que debÃas saberlo. Holdsworth hablaba con tanto sentimiento, parecÃa amarte tanto que pensé que te harÃa feliz saberlo.
Levantó la cabeza para mirarme. ¡Y qué mirada! Sus ojos, anegados en brillantes lágrimas, irradiaban una felicidad casi celestial; sus dulces labios esbozaban la más radiante de las sonrisas; su semblante tenÃa un tono carmesÃ. Pero, como si temiera que en su expresión yo pudiera ver algo más que el agradecimiento que trataba de manifestarme, volvió a ocultarlo casi de inmediato. Asà que todo estaba bien, y mis conjeturas eran fundadas. Traté de recordar algo más de lo que Holdsworth habÃa dicho, pero ella me interrumpió de nuevo.
—No… —dijo.
Y siguió tapándose la cara. Al cabo de unos instantes, añadió en voz muy baja: