La prima Phillis
La prima Phillis —Bueno, jovencita, supongo que éste es el primo Manning. Un momento, muchacho, me pondré la chaqueta y te daré la bienvenida como Dios manda. Pero… Escucha, Ned Hall, tendrÃamos que construir una acequia que atravesara todo el terreno; esta tierra es muy mala: compacta, arcillosa, húmeda y pegajosa. Empezaremos a cavarla los dos el lunes… Disculpa, primo Manning… Y la cabaña del viejo Jem necesita más paja en el tejado; puedes hacer ese trabajo mañana mientras yo estoy ocupado.
Y, dejando asomar súbitamente en su voz baja y profunda una extraña resonancia de templos y predicadores, añadió:
—Y ahora entonaré el salmo «Acudid todas, lenguas armoniosas» con la melodÃa del «Monte EfraÃn[4]».