La prima Phillis
La prima Phillis Aquella noche pude ver cómo Phillis se ganaba a mi padre sin darse siquiera cuenta. Le preguntaba cosas que dejaban claro hasta qué punto seguía sus explicaciones. Es muy posible que su belleza tuviera algo que ver con el buen efecto que le causaba, pero mi padre no tuvo el menor reparo en expresar su admiración por la joven cuando se quedó a solas con el pastor y la prima Holman. Y supongo que aquella noche concibió un plan que me comunicó pocos días después, sentados en mi pequeña habitación triangular de Eltham.
—Paul —empezó a decir—, nunca pensé que llegaría a ser un hombre rico, pero creo que no tardaré en serlo. Hay gente muy interesada en mi nuevo invento —se refirió a él con su nombre técnico—, y Ellison, el dueño de la fábrica Borough Greens, me ha pedido que sea su socio.
—¿El señor Ellison, el magistrado? ¿El que vive en King Street y tiene su propio carruaje? —exclamé yo, vacilante pero lleno de júbilo.