La prima Phillis
La prima Phillis —¡Oh, vamos! Sólo estoy diciendo la verdad. Un trabajador de Birmingham, autodidacta, podrÃamos decir, pues nunca se ha relacionado con inteligencias privilegiadas, ni ha gozado de las ventajas que supuestamente ofrecen los viajes y el contacto con el mundo, que transforma sus ideas en acero y hierro; alguien de renombre en el mundo cientÃfico, que podrÃa ganar una fortuna si le interesara el dinero; alguien que sigue siendo Ãntegro y sencillo… Me irrita sobremanera pensar en mi costosa educación, en mis viajes por el mundo, en mis montones de libros cientÃficos… y ver que no he hecho nada que merezca la pena. Pero no hay duda de que su sangre es buena; ahà está el señor Holman, ese primo tuyo, que parece hecho de la misma pasta.
—Pero si sólo es primo polÃtico… —dije—. Está casado con una prima segunda de mi madre.
—Lo cual echa por tierra una teorÃa preciosa. Me gustarÃa conocer a Holman.
—Estoy seguro de que en la granja Esperanza se alegrarán de que vaya a verles —exclamé con entusiasmo—. De hecho, me han pedido varias veces que le lleve; pero yo pensaba que se aburrirÃa.