La prima Phillis
La prima Phillis —¡No! Seguro que no, muchacho —exclamó el señor Holdsworth, riendo.
Y volvà a ver lo afable y atractiva que era su cara; y, aunque aquella noche me habÃa sentido un poco molesto con él por irrumpir en la habitación y alcanzar a oÃr las confidencias de mi padre, la verdad es que mi héroe recuperó todo su ascendiente sobre mà con aquella risa alegre y luminosa.
Y, si no lo hubiera recuperado aquella noche, lo habrÃa hecho al dÃa siguiente cuando, después de la partida de mi padre, el señor Holdsworth me habló de él con tanto respeto por su carácter y tanta admiración por su genio inventivo que me vi obligado a decir, casi sin darme cuenta:
—Gracias, señor. No sabe cuánto se lo agradezco.