La prima Phillis
La prima Phillis Los primeros meses que pasé en Eltham, mi nuevo empleo y mi nueva independencia acapararon todos mis pensamientos. Estaba en mi puesto a las ocho, almorzaba en casa a la una y volvía a la oficina a las dos. El trabajo de la tarde era menos rutinario que el de la mañana; unas veces era el mismo, pero otras tenía que acompañar al señor Holdsworth, el ingeniero jefe, a algún lugar del ramal entre Eltham y Hornby. Esto siempre me gustaba, por el cambio que suponía y por lo hermoso que era el paisaje agreste que atravesábamos, y además me daba la oportunidad de estar con el señor Holdsworth, todo un héroe en mi imaginación juvenil. Era un joven de unos veinticinco años, y tanto su posición social como su educación eran superiores a las mías. Había viajado por el continente, y llevaba mostachos y patillas en sintonía con una moda extranjera. Me sentía orgulloso de que me vieran con él. Era un tipo excelente en muchos sentidos, y yo podría haber caído en peores manos.
