La prima Phillis
La prima Phillis Tuve que marcharme de la granja Esperanza el domingo por la tarde, ya que en Eltham me esperaba no sólo mi trabajo, sino también el del señor Holdsworth; y no estaba seguro de cómo marcharÃan las cosas durante la semana que Holdsworth pasarÃa en la granja —en un par de ocasiones habÃa visto con horror cómo las opiniones del pastor y las de mi tan cacareado amigo estaban a punto de chocar—. El miércoles recibà una breve nota de Holdsworth: pensaba quedarse en la granja Esperanza y regresar a Eltham conmigo el domingo siguiente, y querÃa que le enviara una serie de libros, su teodolito y otros instrumentos topográficos, todo lo cual podÃa transportarse fácilmente en la lÃnea que llegaba hasta Heathbridge. Fui a su alojamiento y cogà los libros: italiano, latÃn, trigonometrÃa; un buen paquete que venÃa a sumarse a los demás encargos. Empecé a sentir curiosidad por lo que estarÃa ocurriendo en la granja Esperanza, pero no pude ir hasta el sábado. Al llegar a Heathbridge me encontré con Holdsworth que venÃa a recibirme. ParecÃa un hombre muy diferente al que yo habÃa dejado: su piel estaba tostada por el sol, le brillaban los ojos y habÃa perdido la languidez de unos dÃas antes. Le dije que tenÃa aspecto de estar mucho más fuerte.