La prima Phillis
La prima Phillis Como es natural, eso nos permitÃa relacionarnos más con los habitantes de la granja Esperanza. PodÃamos ir andando cuando salÃamos del trabajo, pasar una agradable velada estival y volver antes de que oscureciera. Muchas veces nos habrÃa gustado prolongar nuestra estancia en su casa: el aire libre, el frescor y la dulzura del campo eran tan placenteros en comparación con el calor del alojamiento que compartÃamos en Hornby… Pero retirarse pronto por la noche y levantarse temprano por la mañana era un imperativo para el pastor, que no tenÃa el menor escrúpulo en echarnos de casa después de la oración nocturna —o «ejercicio», como lo llamaba él—. El recuerdo de muchos dÃas felices y de algunas pequeñas escenas acuden a mi pensamiento cuando evoco aquel verano. Aparecen como cuadros en mi memoria, y eso me permite ordenar su secuencia, pues sé que la siega del trigo tuvo que seguir a la preparación del heno, y la recolección de las manzanas a la siega del trigo.