Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia Cuando Philip veía a Sylvia, esta siempre se mostraba amable y callada; quizá más callada de lo que era hacía un año, y casi no estaba pendiente de cuanto ocurría alrededor. Estaba bastante más delgada y pálida; pero a ojos de Philip, cualquier cambio que se diera en ella era una mejora, siempre y cuando le hablara con amabilidad. Pensaba él que Sylvia seguía preocupada por su madre, o que trabajaba demasiado; y cualquier causa era suficiente para que la tratara con una seria consideración y deferencia, tras la que se ocultaba un cariño reprimido, del que ella, por lo demás ocupada, poco sabía. Ella también apreciaba más a Philip que un año o dos antes, porque ya no le prodigaba esa obsesiva atención que entonces la molestaba, aunque no comprendiera del todo su significado.