Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia - Por amor de Dios, Philip, no menciones la patrulla de leva. Es una obsesión que se ha apoderado de tu tío, hasta el punto de que dirías que está poseído. No deja de hablar de ello, de una manera que pensarías que no volverá a comer hasta que no haya matado a alguno de ellos. De verdad que se pone a temblar de rabia y furia; y por las noches igual. Se despierta en mitad del sueño, jurando y maldiciéndoles, y a veces me da miedo que no me mate a mí por error. Y qué hace ayer por la noche, sino ponerse a hablar de Charley Kinraid, y le dice a Sylvia que a lo mejor una patrulla lo había reclutado a la fuerza. La pobre se puso a llorar hasta que la inundaron las lágrimas.
Philip habló, no porque quisiera, sino como si se viera obligado a ello.
- ¿Y quién sabe cuál es la verdad?
Se habría mordido la lengua nada más oírse decir aquellas palabras. Y sin embargo, tras haberlo pronunciado, actuaron como de bálsamo para su conciencia.