Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia La taberna que había sido elegida como punto de encuentro por los líderes de la patrulla de leva que en aquella época estaban en Monkshaven era una posada de mala reputación, con un patio en la parte de atrás que se abría al embarcadero. Una tapia de piedra, alta y recia, cercaba por los dos lados ese patio mohoso y cubierto de hierbajos; los otros dos costados los formaba la casa y un edificio anexo que no se utilizaba. La elección del sitio había sido buena; por su situación, pues estaba bastante aislada, y sin embargo quedaba cerca de la desembocadura del río; y en cuanto al carácter del propietario, John Hobbs, un hombre poco afortunado cuyas empresas parecían siempre condenadas al fracaso, con la consecuencia de que siempre envidiaba a la gente próspera y estaba dispuesto a hacer lo que fuera para alcanzar el éxito en la vida. Vivía con su esposa, su sobrina, que le hacía de criada, y un ayudante que trabajaba fuera de la taberna, un hermano de Ned Simpson, el próspero carnicero, que en aquella época se sentía atraído por Sylvia. Pero si a un hermano le había ido bien en la vida, el otro se había ido hundiendo, igual que el hombre que ahora era su patrón. Ni Hobbs ni Simpson eran hombres totalmente malos; si las cosas les hubieran ido bien, habrían sido hombres con escrúpulos y conciencia, como sus vecinos, e incluso ahora, con solo haber ganado el mismo dinero que ellos, antes harían el bien que el mal; pero una suma muy pequeña era suficiente para desequilibrar la balanza. Y en un grado mayor que en muchos otros casos se les podía aplicar la famosa máxima de Rochefoucault *; pues en las desgracias de sus amigos parecían ver cierta justificación de la suya propia. Era el ciego destino quien repartía los acontecimientos, y ni siquiera los mismos sucesos eran la inevitable consecuencia de la necedad o un comportamiento censurable. Para esos dos hombres, la enorme suma ofrecida por el teniente de la patrulla como pago por el alojamiento en Mariners’ Arms era simple e inmediatamente irresistible. La mejor habitación de aquella casa ruinosa fue puesta a disposición del oficial al mando del servicio de leva, y todo se dispuso según sus deseos, sin tener en cuenta a los antiguos clientes, bien es cierto que suponían una escasa fuente de ingresos. Si los parientes de Hobbs y Simpson no hubieran sido tan conocidos ni prósperos en la ciudad, ellos mismos habrían recibido más muestras de la mala opinión que se tenía de ellos de las que recibieron en aquel invierno que ahora mencionamos. De hecho, la gente les dirigía la palabra cuando aparecían en la iglesia o en el mercado, pero no entablaban conversación con ellos; no, ni aunque ahora aparecieron mejor vestidos de lo que se les había visto en años anteriores, y aunque su actitud, en conjunto, revelara un cambio, en la medida en que antes se habían mostrado gruñones y misántropos, y ahora eran educados casi hasta la humillación.