Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia Mientras los hombres corrían en la misma dirección o en direcciones opuestas, se preguntaban sin aliento «¿Dónde está?», y nadie sabía decirlo; de modo que seguían avanzando hasta el mercado, con la certeza de obtener la información deseada, donde la campana seguía llamando con su furiosa lengua de metal.