Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia - Muchacha, me gustaría que estuviera vivo, y no me entusiasma Philip como marido; pero me has hecho una pregunta difícil, e intento ser justo. Siempre hay una posibilidad entre mil de que esté vivo, pues nadie ha visto su cadáver. Pero en aquella época la patrulla no estaba por Monkshaven: la gabarra más cercana a la costa estaba en Shields, y allí sí le buscaron.
No dijo nada más, pero volvió a adentrarse en la parcela y cogió de nuevo el rastrillo.
Sylvia se quedó inmóvil, pensativa, anhelando con todas sus fuerzas poseer alguna certidumbre.
Kester se acercó a ella.
- Sylvie, tú sabes que Philip me devolvió mi dinero, y eran ocho libras, quince chelines y tres peniques; y la venta del heno y el ganado nos dará para pagar la renta y un poco más. Tengo una hermana que es viuda, y una mujer muy decente, aunque muy pobre, en Dale End. Tú y tu madre podéis ir a vivir con ella, y yo te daré todo el dinero que gano, que serán unos cinco chelines a la semana. Pero no te cases con un hombre que no te gusta, habiendo otro que a lo mejor está muerto, pero que podría estar vivo y al que le entregaste tu corazón.