Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia - ¿Dónde estoy? ¡Oh, ya lo sé! Gracias. Ha sido una estupidez, ¡pero es que me ha parecido tan triste…!
Y estaba a punto de volver a salir cuando Hester dijo:
- SÃ, ha sido triste, chica, si puedo llamarte asÃ, ya que no sé cuál es tu nombre, pero es mejor no pensar en ello, pues no podemos hacer nada, y podrÃas volver a desmayarte. ¿Eres la prima de Philip Hepburn, verdad, la que vive en Haytersbank Farm?
- SÃ, es Sylvia Robinson -intervino Molly sin darse cuenta de que la intención de Hester era hacer hablar a Sylvia para que no pensara más en el asunto que la habÃa puesto histérica-. Hemos venido para llevar unas cosas al mercado -añadió Molly- y comprarle una capa nueva que su padre quiere regalarle. Y claro, cuando vimos llegar el primer barco ballenero pensé que habÃamos tenido suerte, y jamás se me ocurrió pensar que intervendrÃa la patrulla.
Entonces también ella se puso a llorar, pero su leve lloriqueo fue interrumpido por el sonido de una puerta que se abrió detrás de ella. Era Philip, que con un gesto silencioso le preguntaba a Hester si podÃa entrar.
Sylvia apartó la cara de la luz y cerró los ojos. Su primo se le acercó de puntillas, y pareció preocuparle lo que vio en la cara de Sylvia; a continuación le pasó la mano por el pelo tan suavemente que casi no pudo decirse que lo hubiera tocado, y murmuró: