Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia Sylvia, después de haber estado en el aire helado, tenÃa las mejillas coloreadas por el calor que hacÃa en la sala. La cinta azul con la que habÃa creÃdo necesario sujetarse el pelo hacia atrás antes de ponerse el sombrero para ir al mercado se habÃa aflojado, y algunos rizos se le habÃan desmandado de una manera que la habrÃa irritado sobremanera de haber estado en el piso de arriba y poder mirarse al espejo; pero aunque no se disponÃan en la manera que Sylvia hubiera considerado correcta, sà se veÃan muy hermosos y exuberantes. Su pequeño pie, colocado sobre el pedal, aún estaba enfundado en su elegante zapato con hebilla, cosa que la incomodaba bastante, pues no estaba acostumbrada a llevar zapatos cuando daba largas caminatas; pero como Philip las habÃa acompañado a casa, ni ella ni Molly se habÃan atrevido a ir descalzas. Su brazo pecoso y redondeado y su mano sonrosada y ahusada extraÃan el lino con movimientos diestros y ágiles, siguiendo el ritmo del movimiento de la rueda. Todo esto podÃa verlo Philip, aunque gran parte de la cara de Sylvia le quedaba oculta, pues la tenÃa medio vuelta, sintiendo una tÃmida aversión hacia la manera en que, como sabÃa por experiencias anteriores, la miraba siempre su primo Philip. Y aunque no miraba a Philip podÃa oÃr, con callada irascibilidad, el desagradable chirrido de la silla de su primo mientras este la arrastraba pesadamente sobre el suelo de piedra, todo el rato sentado, y tenÃa la impresión de que él se movÃa en semicÃrculo para poder mirarla desde un ángulo mejor, sin tener que darle la espalda ni a su padre ni a su madre. No esperaba más que una oportunidad para contradecir u oponerse a su primo.