Mary Barton
Mary Barton Cuando llegaron a casa encontraron a John Barton fumando su pipa y sin muchas ganas de hacer preguntas, aunque deseoso de oír todos los detalles. Margaret le contó todo lo ocurrido y fue divertido ver cómo aumentaban su interés y su emoción. Primero, se fueron espaciando las chupadas que daba a la pipa hasta que cesaron casi por completo. Luego se sacó la pipa de la boca y la dejó en la mano. Por fin se levantó y se fue acercando lentamente a la narradora.
Cuando ésta terminó de contar la historia, John Barton juró (cosa poco habitual en él) que si Jem Wilson quería casarse con Mary la tendría al día siguiente, aunque no tuviese ni un penique para mantenerla.
Margaret se rió, pero Mary, que se había recobrado ya de su anterior agitación, hizo un mohín y puso cara de enfadada.
Retomaron la labor que habían dejado, pero cuando el corazón se desborda los dedos van lentos; y siento decir que, por culpa del fuego, las dos señoritas Ogden de menor edad, que tan apenadas estaban por el fallecimiento de su excelente padre, no pudieron presentarse ante el pequeño círculo de amigos compasivos que se reunieron para consolar a la viuda, ni asistir al funeral.