Mary Barton
Mary Barton —Ya te he dicho que no tengo dinero —dijo Barton. Wilson pareció decepcionado. Barton trató de no manifestar interés, pero a pesar de su hosquedad no pudo evitarlo. Se levantó y fue al armarito del que tan orgullosa estuvo antaño su mujer. Dentro estaban las sobras de la comida que habían guardado para la cena. Pan y una loncha de beicon cocido en su propia grasa. Los envolvió en el pañuelo, los metió en el sombrero y dijo—: Vamos, en marcha.
—¿Vas a trabajar a estas horas?
—No, idiota, claro que no. Vamos a ver a ese tipo del que me has hablado.