Mary Barton
Mary Barton Con estas palabras la doncella salió de la cocina para poder responder a la campanilla de las señoritas cuando llamaran después de la fiesta de la noche anterior.
En la lujosa biblioteca, se sentaban a la mesa del desayuno los dos señores Carson, padre e hijo. Ambos estaban leyendo —el padre un periódico, el hijo una revista— mientras disfrutaban ociosamente de la comida. El padre era un anciano de aspecto agradable, tal vez un poco dado a los excesos. El hijo era muy apuesto y lo sabÃa. Su atuendo era pulcro y decoroso y sus modales mucho más caballerosos que los de su padre. Era el único hijo varón y sus hermanas estaban muy orgullosas de él; su padre y su madre también lo estaban; y, para no contradecirles, él también se enorgullecÃa de sà mismo.
La puerta se abrió y entró Amy, la dulce hija menor, una encantadora muchacha de dieciséis años, lozana, radiante y fresca como un capullo de rosa. Era demasiado joven para ir a fiestas, lo cual alegraba mucho a su padre, pues asà las bromas, las canciones y las caricias de la pequeña Amy alegraban sus tardes solitarias; y además no estaba demasiado cansada como Sophy y Helen y podÃa disfrutar de su compañÃa en el desayuno por las mañanas.