Mary Barton
Mary Barton y marchitar todas las flores.
¡Basta con una palabra!
Margaret bordó aquella cancioncilla. Una obrera de las fábricas que la oyó desde fuera exclamó: «¡Eso sà que es cantar!», y, si la cantaba en el Instituto con la mitad de sentimiento que esa noche, raro serÃa que el profesor no quedara satisfecho.
Cuando concluyó, la mirada de Mary expresó mejor que las palabras lo que pensaba y, en parte para contener las lágrimas que estaba a punto de verter, se echó a reÃr y dijo:
—Sin duda tu carruaje se acerca. Sigamos soñando con él.