Mary Barton
Mary Barton —¡No, ninguna! Tendré que esperar otro dÃa para tener noticias de mi niño. Es muy cansado esperar —dijo Alice. Mary recordó las palabras de Margaret. Todo el mundo tiene que esperar por alguna cosa—. ¡Ojalá supiera que está a salvo y no se ha ahogado! Si me enterase de que se habÃa ahogado, pensarÃa que es la voluntad del Señor. Lo malo es tener que esperar.
—A todos nos cuesta ser pacientes —dijo Mary—. Lo sé por experiencia, y no conozco a nadie a quien se le dé tan bien como a ti, aunque ahora que te he oÃdo decir que se te hace tan difÃcil no me culparé tanto por mi propia impaciencia.
Lo último que pretendÃa Mary era reprocharle nada, y Alice lo sabÃa. No obstante, dijo:
—Entonces, querida, os pido perdón a ti y a Dios por haber debilitado tu fe al mostrarte lo débil que es la mÃa. Nos pasamos la vida esperando y no está bien que alguien que ha tenido tanta suerte como yo se queje. Trataré de contener mi lengua y mis pensamientos.
Lo dijo en tono humilde y amable, como pidiendo que la disculparan.
—Vamos, Alice —intervino la señora Wilson—, no te preocupes por una naderÃa como ésa. ¡Mira! He puesto agua a hervir y ahora mismo os serviré el té a Mary y a ti.