Mary Barton
Mary Barton Pero era demasiado pesada para soportarla y seguir viviendo. Se mataría él y dejaría vivir a los enamorados, el sol brillaría y él descansaría con su corazón ardiente y pesaroso. Un descanso reservado para el pueblo de Dios.
¿Acaso no había prometido con la mayor sinceridad, la que hace que las palabras sean más solemnes que los juramentos, salvar a Mary de convertirse en lo mismo que Esther? ¿Buscaría en la muerte refugio del deber que había contraído en vida? ¿Quién protegería el amor y la inocencia de Mary? ¿No sería bueno servirla, aunque no le quisiera, ser su ángel de la guarda en todos los peligros de la vida sin que ella lo supiese?
Cobró ánimos y se dijo que, con la ayuda de Dios, sería ese ángel terrenal.
Entonces las nieblas y tormentas parecieron apartarse de su camino, que aun así seguía cubierto de espinas. Tras cumplir con el deber que tenía más a mano[63] (reducir el tumulto de su corazón a algo parecido al orden) su segundo deber se volvió más claro.