Mary Barton
Mary Barton Las vivencias de la pobre Esther la habían llevado a pensar, tal vez con demasiada precipitación, que las intenciones del señor Carson respecto a Mary no eran buenas; pero no le había dado pruebas de que sus temores estuvieran justificados. Era posible, no, en opinión de Jem era muy probable, que estuviese dispuesto a casarse con ella. Era una señora por derecho de naturaleza, pensaba Jem, tanto por su gracia como por su espíritu y la elegancia de sus movimientos. ¿Qué más le daría su origen a un industrial de Manchester si muchos de ellos se enorgullecen, y con razón, de ser los artífices de su propia fortuna? Y, por lo que se refería al dinero, Jem, juzgando a otro por sí mismo, pensó que sería un gran privilegio ponerlo a los pies de su enamorada. La madre de Harry Carson había sido obrera en la fábrica; así que, al fin al cabo, ¿qué razones tenía para dudar de las intenciones del joven, respecto a Mary?
Al principio podía resultar un poco difícil: por un lado, el padre de Mary tenía grandes prejuicios y era probable que también los tuviera la familia del señor Carson. Pero Jem sabía que tenía influencia sobre John Barton y se serviría de ella para asegurar la felicidad de Mary y acallar cualquier sentimiento egoísta.
¡Oh! ¿Por qué lo habría elegido Esther para encargarle semejante misión? ¡Le faltaban las fuerzas para actuar como es debido! ¿Por qué lo había elegido a él?