Mary Barton
Mary Barton —¿Quiere que lo encierre por asalto, señor? —dijo el policÃa.
—No, no —exclamó el señor Carson—. Yo le golpeé primero. Él no me atacó, aunque —prosiguió dirigiéndose en tono sibilante a Jem, que odiaba aquella libertad, por justa que fuese, si se la concedÃa su rival— jamás olvidaré ni perdonaré este insulto. Puede estar seguro —le espetó, dejándose llevar por la furia— de que a Mary no le irán mejor las cosas después de esta intromisión impertinente.
Soltó una carcajada como si fuese consciente de su poder.
Jem replicó con idéntica vehemencia.
—Si se atreve a hacerle el menor daño, le esperaré donde no pueda protegerle ningún policÃa. Y Dios juzgará entre los dos.
El policÃa intervino con advertencias para tratar de calmarlos. Sujetó del brazo a Jem para llevárselo en dirección contraria a la que llevaba el joven Carson. Jem lo acompañó unos pasos y luego forcejeó y se soltó. El policÃa le gritó.
—¡Ve con cuidado, muchacho! No hay mujer en el mundo que valga lo que te ocurrirá si no vas con cuidado.
Pero Jem estaba demasiado lejos para oÃrle.