Mary Barton
Mary Barton —No, eso ya lo sabe —respondió tristemente Mary—. A veces creo que no volverá a trabajar y que el comercio no remontará. Es difÃcil mantener los ánimos. Ojalá fuese un hombre, me embarcarÃa contigo. Al menos dirÃa adiós a todas las malas noticias. Casi todos los que cruzan esa puerta vienen a contarme alguna desdicha. Mi padre viaja como delegado del sindicato, para pedir ayuda a la gente de Glasgow. Piensa ponerse en camino esta misma tarde.
Mary exhaló un suspiro, pues volvÃa a tener la sensación de que era triste quedarse sola.
—Dices que todos los que cruzan esa puerta vienen a contarte alguna desdicha. ¿No querrás decir que le ha ocurrido algo a Margaret Jennings? —preguntó preocupado el joven marinero.
—¡No! —respondió Mary esbozando una leve sonrisa—, ella es la única que no parece tener preocupaciones. Su ceguera a veces casi parece una suerte; cuando temÃa quedarse ciega siempre estaba alicaÃda y ahora en cambio se la ve feliz y resignada. ¡No!, creo que Margaret es feliz.
—Casi desearÃa que no lo fuera —dijo pensativo Will—. Me encantarÃa consolarla y cuidarla, si estuviera pasándolo mal.
—¿Y por qué no vas a poder cuidarla aunque sea feliz?