Mary Barton
Mary Barton —¡Esta noche! ¡Y vas a Liverpool! Tal vez puedas acompañar a mi padre. Tiene que ir a Glasgow pasando por Liverpool.
—¡No! Voy a ir a pie; y no creo que tu padre quiera andar hasta allÃ.
—¡Caramba! ¿Y por qué vas a pie? El billete de tren cuesta tres chelines y seis peniques.
—¡SÃ!, pero (no debes contarle a nadie lo que voy a decirte) no tengo los tres chelines, ni siquiera los tres peniques, al menos aquÃ; antes de venir, le di a mi casera dinero suficiente para ir y volver de la isla y también un poco para comprar regalos, y traje el resto conmigo, pero lo he gastado todo y no me quedan más que estas pocas monedas.
»No, no te preocupes porque tenga que andar cincuenta kilómetros —añadió al ver que Mary se ponÃa triste y seria—. Hace una noche despejada, me pondré en camino inmediatamente y llegaré antes de que zarpe el barco de Man. ¿Adónde has dicho que va tu padre? ¿A Glasgow? Tal vez hagamos parte del viaje juntos, pues, si el barco de Man ha zarpado cuando llegue a Liverpool, cogeré un mercante escocés. ¿Qué va a hacer en Glasgow? ¿Buscar trabajo? Dicen que allà están tan mal como aquÃ.