Mary Barton
Mary Barton —¡Oh!, lo que todos los médicos, siempre se cubren las espaldas por miedo a equivocarse. Ahora dice que no hay mucha esperanza… aunque mientras hay vida hay esperanza; y luego afirma que cree que podrÃa recuperarse parcialmente… pero la edad no le ayuda. Ha mandado que le pongan sanguijuelas en la cabeza.
Después de contar su historia, Margaret se recostó en el asiento fatigada de cuerpo y espÃritu. Mary corrió a prepararle una taza de té; mientras Job, que antes habÃa estado tan hablador, guardaba un quejoso silencio.
—Iré a verla mañana a primera hora, y veré qué tal se encuentra; volveré con noticias antes de ir a trabajar —dijo Mary.
—También es mala suerte que Will se haya ido —dijo Job.
—Jane cree que no reconoce a nadie —replicó Margaret—. Tal vez sea mejor que él no la vea asÃ, dicen que tiene el rostro contraÃdo. Asà la recordará con su verdadera cara si no vuelve a verla.