Mary Barton
Mary Barton —Sà —replicó la señorita Simmonds—, y el lechero me ha dicho que van a atrapar a ese malvado y lo juzgarán y ahorcarán en menos de una semana. Se lo tiene bien merecido. Un hombre tan apuesto…
Luego todas empezaron a contarle a la señorita Simmonds lo que habÃan oÃdo.
De pronto Mary rompió a llorar…
—¡Señorita Barton! ¿Qué es eso de derramar lágrimas sobre el nuevo vestido de seda de la señora Hawkes? ¿Es que no sabe que las manchas no se quitan? Llorar como una niña porque un joven apuesto muere antes de tiempo. ¡DeberÃa avergonzarse, señorita! Tenga la bondad de dominarse y volver al trabajo. O, si piensa seguir llorando —al ver que su reprimenda solo servÃa para hacerla llorar más—, coja esa tela de ahÃ. Eso no se ensuciará como esta preciosa seda —añadió frotándola con cuidado con un pañuelo limpio para suavizar los cercos dejados por las lágrimas.
Mary cogió la tela, y como es natural, ahora que le habÃan dado permiso para llorar, dejó de hacerlo.