Mary Barton

Mary Barton

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Debo regresar a casa de los Wilson, que no se parecía en nada al remanso de paz que imaginaba Mary. ¿Recuerda el lector la recompensa que ofreció el señor Carson por la captura del asesino de su hijo? Era una tentación en sí misma; a eso se unía la natural compasión por unos padres ancianos que lloraban a su hijo, un joven que estaba en la flor de la vida; y además el placer que procura siempre resolver algún misterio, dar con la tenue pista que conduce a la certeza. No me cabe duda de que eso constituye un poderoso estímulo para la policía. Sus sentidos están siempre alerta y disfrutan reuniendo y encajando pruebas, y llevando una vida aventurera que parece sacada de las aventuras de Jack Sheppard[81], tan interesantes para la imaginación vulgar y poco educada, que siempre encuentra emocionantes los detalles de los crímenes.

Esa mañana no faltaron pruebas ni pistas en la investigación del juez instructor. El disparo, el hallazgo del cadáver y el subsiguiente descubrimiento de la pistola se depusieron sin mayor dilación; y luego el policía que había intervenido en la riña entre Jem Wilson y el joven asesinado prestó testimonio de manera clara, sencilla y directa. El juez instructor no tuvo ninguna duda y el jurado tampoco, pero el veredicto se formuló de manera muy prudente: «Asesinato cometido por persona desconocida».


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