Mary Barton
Mary Barton —Pues lo hizo. Han averiguado su nombre. El policÃa oyó todo lo que dijeron. Quienquiera que sea se llama Mary Barton.
—¡Mary Barton! ¡Esa descarada! ¿Cómo se atreve a meter a mi Jem en un lÃo semejante? Yo le daré lo suyo cuando la vea. Vaya que sÃ. ¡Oh, mi pobre Jem! —dijo balanceándose—. ¿Y qué es eso de la pistola? ¿Qué es lo que ha dicho?
—La encontraron en el lugar donde se cometió el asesinato.
—Eso es mentira. La pistola la tiene un hombre. No hace ni una hora que la he visto. —El hombre movió la cabeza—. De verdad, es un amigo de Jem, él se la prestó.
—¿Conoce usted a ese tipo? —preguntó el hombre que estaba deseando que exculparan a Jem y creyó ver un atisbo de esperanza en sus palabras.
—¡No! No sé quién es. Pero vestÃa como un obrero.
—Puede que fuese un policÃa disfrazado.
—No; no serÃan tan rastreros para engañarme para que acusara a mi propio hijo. SerÃa como cocer un cordero en la leche de su madre; la Biblia lo prohÃbe.
—No sé —replicó el hombre.