Mary Barton
Mary Barton Poco después, se marchó apesadumbrado de verla tan triste pero sintiéndose incapaz de consolarla; ella habría preferido que se quedara, pero aun así se marchó. Y la señora Wilson se quedó sola.
Ni por un instante creyó que Jem pudiera ser culpable. Antes habría dudado que el sol ardiera, pero la pena, la desolación y en ocasiones la rabia se adueñaron de su imaginación. Se lo contó a la inconsciente Alice con la esperanza de despertar su compasión, pero sufrió la decepción de ver cómo, sonriente y tranquila, seguía murmurando cosas de su madre y de los días felices de la infancia.